Apenas unos días después, entre el 10 y el 23 de mayo, se decide solicitar la cesión del local de la Sociedad Cosmopolita gratuitamente para el funcionamiento de la biblioteca, solicitar la conexión de luz, confeccionar una lista de suscriptores para recolectar fondos, adquirir los libros y útiles más indispensables para la secretaría, solicitar el envío gratuito de diarios y revistas varias, solicitar a las librerías catálogos y precios y mandar construir tres cuerpos de estantería para colocar los libros.
Es entonces en el local de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Alcorta, cedido gratuitamente, donde la Biblioteca Popular encuentra cobijo, y comienza a desarrollar sus actividades. Nicolás Carranza, Julio Siciliano y Nicolás Bertero serán los encargados de redactar los Estatutos de la institución, y Di Lella, Castiglione, Kleimann y Galván comienzan a recorrer las calles de la localidad, a efectos de recolectar obras donadas.
Así, un puñado de voluntades, las ganas de hacer propio un espacio y abrirlo a los demás, a los vecinos, a la comunidad. Un lugar de encuentro se va gestando en las callecitas de este pueblo que hace menos de una década había alumbrado un grito agrario, la rebelión chacarera, el sueño pueblerino de una vida mejor para todos.
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