Noviembre 1932 / Los libros de Carlos Marx.

diciembre 4, 2008

 

El dos de noviembre de 1932, la Biblioteca Belisario Roldán recibe, por intermedio del Inspector de Bibliotecas Populares, Enrique V. Albarracín, la cantidad de cien obras diversas encuadernadas, en regular estado de conservación; doscientos noventa y un volúmenes distintas materias, encuadernadas a la rústica y un paquete con libros deshechos y truncos. Un diccionario Enciclopédico Hispano Americano de veintiocho tomos, estando el tomo tercero algo averiado.

Todo este material, describe, puntualiza la tinta negra de la palabra oficial, todo esto perteneciente a la ex Biblioteca Carlos Marx.

 

El resto del primer año de la vida institucional de la Biblioteca Popular Belisario Roldán sólo registró movimientos de su padrón de socios, alguna charla sobre economía (Nuestra moneda, dictada por un miembro del Instituto Social de la Universidad del Litoral de la ciudad de Rosario) y algún cambio de horario, más las cuestiones formales del funcionamiento cotidiano, como el pedido a la Comisión Pro Festejos Beneficio Escuela Nº 181 por la devolución madera que le fuese concedida en calidad de préstamo, el reclamo a socios por las obras Un amor turbio y La Ilíada, con sus plazos de préstamo vencidos, o la compra de dos salivaderas para la sala de lecturas.

Agosto 1932 / Denuncias.

noviembre 19, 2008

 

El 20 de agosto se registró la primer velada literario musical, en el local del Social Teatre, alquilado a veintidós pesos moneda nacional para el evento, y con la disertación de Luis Guisti, sobre la historia, el desarrollo y la importancia de las bibliotecas populares. El encuentro, consigna la tinta negra del libro de Actas, brindó a la institución un beneficio líquido de setenta y cinco pesos que han ingresado a la caja social.

 

Sin embargo, aquel primer encuentro envuelve también a la Biblioteca Popular en una confusa situación, a partir de una denuncia publicada en el periódico La Región. La denuncia, publicada por el medio local en la edición del 25 de agosto de 1932, señalaba que en la Velada organizada por la institución circularon entradas falsas.

 

Ante la denuncia, se destacan a los dos miembros de esta C.D.: don A. M. Timoni y don Luis Galván, a fin de que se entrevisten con el Sr Director del periódico mencionado para conocer qué puede haber de verdad en la denuncia publicada, por cuanto de las investigaciones hechas por la C.D. según comprobantes que obran en Secretaría no se justifica tal denuncia, consignan las páginas 18 y 19 del Libro de Actas de la Biblioteca Popular.

 

Timoni y Galván se entrevistan en esos días un par de veces con el representante del periódico La Región, José Soria. Sin embargo, informan ante la Comisión, nada tiene que informarles. Se decide entonces publicar en el diario La Capital, de Rosario, un texto aclaratorio que redactan en la noche del 15 de septiembre.

No ha sido posible obtener dato alguno que justifique tal publicación, dicen en aquel texto, en consecuencia teniendo en cuenta que las averiguaciones practicadas no nos han dado ninguna luz, a nuestro juicio dicha denuncia carece de todo fundamento.

Agosto 1932 / Primeras luces.

noviembre 19, 2008

 

Una treintena de nuevos socios, con una marcada mayoría de hombres y apenas tres socios menores; el relevo de Bautista Bertero en su cargo de secretario, reemplazado por Luis Galván; diez pesos moneda nacional destinados como sueldo mensual para la contratación de un bibliotecario; y un primer cobrador de cuotas mensuales llamado Francisco Florio, que recibía el 5% de las cobranzas como comisión, donaciones que siguen llegando (allí la donación del Club Atlético Blanco y Negro, consistente en cinco tomos, de buena encuadernación, se lee en el Acta Nº 9)  fueron los pasos iniciales de la primer Comisión Directiva de la Biblioteca Popular en aquel agosto de 1932.

Pocos días después, Antonio Timoni reemplaza a Siciliano como vicepresidente de la Institución.

 

La sala de lectura, señalada por una placa de bronce de 20 por 30 centímetros adquirida a 18 pesos moneda nacional, permanecía abierta al público de lunes a sábados, por la tarde de 15 a 17 horas, en las noches de 20:30 a 22:30 horas. Para domingos y feriados, un horario especial y único: en las mañanas, de 9 a 11 horas.

Julio 1932 / Estatutos

noviembre 7, 2008

 

La noche del 30 de julio de 1932 la flamante institución discute y aprueba los Estatutos redactados por Carranza, Siciliano y Bertero.

Constan allí los fines de la institución: propender a la elevación moral e intelectual del pueblo por medio del estudio y la instrucción, mantener una sala de lectura, crear clases nocturnas de enseñanza en general, entre las que se contemplan clases de idiomas, contabilidad, caligrafía, taquigrafía, contribuir a la mayor cultura del pueblo organizando conferencias sobre temas científicos, veladas artísticas y literarias u otros actos de carácter instructivo, al tiempo que también queda registrado el interés por crear y mantener el intercambio de afectos con instituciones similares, nacionales y extranjeras y estimular entre sus asociados los principios de sociabilidad.

 

Artículo 4: Esta institución -afirman los fundadores, discuten y aprueban los fundadores aquella noche del 30 de julio de 1932, transcribe el secretario en el Acta N º 5- carecerá de todo carácter político o religioso.

 

También quedan registrados en aquellos primeros Estatutos de la Biblioteca los modos de financiación (cuotas mensuales de los asociados, anota el Estatuto, que abonarán una cuota de cincuenta centavos moneda nacional a excepción de los socios menores, que pagarán veinte centavos; las suscripciones o donaciones y toda clase de recursos que por medios lícitos y honestos puedan recabarse); la modalidad de asociados (esta Institución se compondrá de socios honorarios, protectores y activos); la afirmación de la idea de pluralidad (describe a los socios activos como toda persona de ambos sexos mayores  de quince años, sin distinción de ideas o nacionalidades); al tiempo que registra ciertas condiciones que marcan el clima de época: para ingresar como socio activo se requiere: gozar de buena reputación moral y ser presentado por dos socios que tengan una antigüedad no menor de tres meses, describe el Estatuto, y remarca que el derecho de admisión de socios es de incumbencia de la Comisión Directiva, que se reserva también el derecho a expulsar, suspender o amonestar, según los casos, al socio que contravenga las disposiciones de estos estatutos y reglamentos que se dicten, o que por su conducta sea causa de desdoro para esta Institución. En todos estos casos, aquel primer reglamento de la Biblioteca contemplaba la instancia de la Asamblea General para apelaciones o discusiones finales.

 

En aquellas seis páginas del Libro de Actas, la letra prolija registra la partida de identidad de la naciente institución, las obligaciones, deberes y derechos de los socios, de la Comisión Directiva, las relaciones posibles con otras instituciones, las modalidades de las Asambleas y las cuestiones formales de recién amanecida Biblioteca Popular Belisario Roldán de Alcorta.

Julio 1932 / Palabras sobre palabras

noviembre 7, 2008

 

Para mediados de julio de 1932, la tarea de recolección de obras donadas era coronada de un buen éxito, dado la encomiable actividad desempeñada por sus miembros, al tiempo que se convoca a Asamblea General para el día domingo veinticuatro del corriente mes, a las nueve horas y treinta, con el fin de discutir y aprobar los estatutos de la flamante institución. La convocatoria, escribe la letra apretada del secretario en aquella Acta Nº 3, se hará por circular a los socios a la vez que también por intermedio de los periódicos locales. La Asamblea, finalmente, se realizará el 30 de julio dado el mal tiempo reinante que continúa, anotará el acta N º 4.

 

Pero antes, aquella noche del 14 de julio, se pone fecha a la apertura formal de la Biblioteca Popular, a su inauguración pública: el domingo siete de agosto, con un acto de disertación que estará a cargo de un orador del Instituto Social de la Universidad del Litoral de la ciudad de Rosario. Aquella primera disertación de un orador que la letra formal de Actas y documentos condena al anonimato dejó gratamente bien impresionado al público que asistió, anotarán días después los miembros de la Comisión.

Esa noche de julio se marca también el perfil de espacio de encuentro ganado a las zonceras de la época, a la acartonada realidad de la década del 30: organizar una velada literario-musical con la colaboración de jóvenes de la localidad para el día veinte de agosto próximo, con el objeto de allegar fondos a la institución.

 

Aquel puñado de voluntades se empecina: en medio de la llamada década infame, de los tiempos en que las cotizaciones de mercado comienzan a marcar el pulso de un país que se desbarranca, la letra apretada en la página 5 del Libro de Actas suma y comparte: Librería Anaconda por setenta y un pesos con treinta y cinco centavos ($71,35), Manuel Álvarez, por veinte y cinco pesos con veinte centavos ($25,20), Correos y Telégrafos veinte y cuatro pesos con ochenta centavos ($24,80); Isidro Álvarez veinte pesos con setenta y cinco centavos($20,75).

 

Ciento cuarenta y dos pesos con diez centavos.

Aquella primera compra de libros de la Biblioteca Popular.

En los mismos tiempos en que Argentina inaugura villas miserias, índices de desocupación y futuros postergados, en Alcorta, el pueblo que dio su nombre al grito chacarero, unos cuantos tipos dan destino de palabra a unos cuantos billetes.

 

Ciento cuarenta y dos pesos con diez centavos.

Tinta en papel, palabra sobre palabra sobre palabra.

Mayo 1932 / Lugares

octubre 20, 2008

Apenas unos días después, entre el 10 y el 23 de mayo, se decide solicitar la cesión del local de la Sociedad Cosmopolita gratuitamente para el funcionamiento de la biblioteca, solicitar la conexión de luz, confeccionar una lista de suscriptores para recolectar fondos, adquirir los libros y útiles más indispensables para la secretaría, solicitar el envío gratuito de diarios y revistas varias, solicitar a las librerías catálogos y precios y mandar construir tres cuerpos de estantería para colocar los libros.

Es entonces en el local de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Alcorta, cedido gratuitamente, donde la Biblioteca Popular encuentra cobijo, y comienza a desarrollar sus actividades. Nicolás Carranza, Julio Siciliano y Nicolás Bertero serán los encargados de redactar los Estatutos de la institución, y Di Lella, Castiglione, Kleimann y Galván comienzan a recorrer las calles de la localidad, a efectos de recolectar obras donadas.

Así, un puñado de voluntades, las ganas de hacer propio un espacio y abrirlo a los demás, a los vecinos, a la comunidad. Un lugar de encuentro se va gestando en las callecitas de este pueblo que hace menos de una década había alumbrado un grito agrario, la rebelión chacarera, el sueño pueblerino de una vida mejor para todos.

Mayo 1932 / Intensidades

octubre 20, 2008

La institución -dice, anota en ese primer documento aquel puñado de fundadores- “propenderá en primer término a mantener y fortificar el sentimiento de la nacionalidad, a robustecer la voluntad y el carácter y a propagar conocimientos de letras, de ciencias puras y de ciencias aplicadas…”

Aquella noche de mayo se designó la primer Comisión Directiva de la flamante institución: Presidente: Nicolás Carranza; Vice presidente: Julio Siciliano; Secretario: Bautista Bertero; Tesorero: Raúl Maggi; Vocales: Antonio Timoni, José Ortega y Luis Galván. Se designaron también como miembros suplentes a Vicente Di Lella, Jaime Kleimann, Amador García, Atilio Zentena, Miguel Nadal, Fernando Giménez y Natalio Rivera.

Hecho esto, se levantó el acto, siendo las veinte y cuatro horas, firmando al pie los presentes, abrazando aquellas primeras escrituras, aquel primer sello ovalado que -tinta en papel- rubrica la página 2 del Libro de Actas.

Mayo 1932 / Nacimientos

octubre 20, 2008

 

En Alcorta, a los tres días del mes de Mayo del año 1932, reunidos los abajo firmados, en la Secretaría del local de la Sociedad Cosmopolita de S.M., vecinos de la localidad, con el fin de fundar una biblioteca popular, después de un cambio de ideas, ha resuelto lo siguiente:

Primero: Constitúyese una sociedad popular para fundar una biblioteca.

Segundo: La sociedad llevará la siguiente denominación: Belisario Roldán…

 

Una cuota social de cincuenta centavos como mínimo los varones y mujeres y veinte centavos los niños, y el propósito declarado -y muchas veces olvidado con el paso de los años y el peso de la historia- de que la sociedad será absolutamente neutral en cuanto a ideas políticas o filosóficas.

 

Un puñado de voluntades.

La idea de inventar un espacio conjunto.

Las ganas de construirlo.

Las fuerzas sumadas para compartir esa geografía ganada al tedio, a las soledades, al desinterés.

Algo así habrá tallado en la medianoche de Alcorta aquel 3 de mayo de 1932, cuando al pie de aquella primera acta firman Nicolás Carranza (electo primer presidente de la Comisión Directiva), Julio Siciliano, Bautista Bertero, Raúl Maggi, Antonio Timoni, José Ortega, Luis Galván, Vicente Di Lella, Jaime Kleimann, Amador García,  entre otros cuantos.


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