El dos de noviembre de 1932, la Biblioteca Belisario Roldán recibe, por intermedio del Inspector de Bibliotecas Populares, Enrique V. Albarracín, la cantidad de cien obras diversas encuadernadas, en regular estado de conservación; doscientos noventa y un volúmenes distintas materias, encuadernadas a la rústica y un paquete con libros deshechos y truncos. Un diccionario Enciclopédico Hispano Americano de veintiocho tomos, estando el tomo tercero algo averiado.
Todo este material, describe, puntualiza la tinta negra de la palabra oficial, todo esto perteneciente a la ex Biblioteca Carlos Marx.
El resto del primer año de la vida institucional de la Biblioteca Popular Belisario Roldán sólo registró movimientos de su padrón de socios, alguna charla sobre economía (Nuestra moneda, dictada por un miembro del Instituto Social de la Universidad del Litoral de la ciudad de Rosario) y algún cambio de horario, más las cuestiones formales del funcionamiento cotidiano, como el pedido a la Comisión Pro Festejos Beneficio Escuela Nº 181 por la devolución madera que le fuese concedida en calidad de préstamo, el reclamo a socios por las obras Un amor turbio y La Ilíada, con sus plazos de préstamo vencidos, o la compra de dos salivaderas para la sala de lecturas.